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| Palleter Teatre |
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| Escrito por Pep Sales |
| Jueves, 29 de Octubre de 2009 16:14 |
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Lo recuerdo como si fuera ayer: un telón, un grupo de amigos nerviosos por un estreno, un público con ganas de disfrutar de un buen espectáculo y una gran ilusión que nos llenaba a todos. Son muchas las añoranzas de aquellos tiempos llenos de recuerdos, de sonrisas, de horas sin dormir para sacar adelante un ensayo que no era más que un intercambio de experiencias que nos ha hecho ser cada día mejores.
Siempre me piden que elija un espectáculo y siempre me niego a responder. No hay ninguno mejor que otro. Unos obtuvieron premios y otros no pero eso no significa nada. Cada persona puede tener un recuerdo mejor o peor de cada representación pero todas las representaciones teatrales han dejado huella, una huella difícil de borrar que continúa y que continuará presente entre todos nosotros.
Las relaciones sociales que fuimos haciendo son parte esencial de nuestro trabajo. A lo largo de todo este tiempo nos envolvimos de una niebla que nos enredaba poco a poco y que nos impregnó de arriba a abajo. El tiempo que dedicamos a nuestro trabajo fue un tiempo que nos robábamos a nosotros mismos y que al final siempre nos producía una satisfacción agradable difícil de explicar. Muchas horas de trabajo y muchas horas robadas a la noche porque era de noche cuando más coincidencias teníamos para poder quedar. Y siempre se llenaba el teatro, siempre teníamos a nuestro público asomándose por todas partes. Los pequeños y los grandes, los seguidores y los detractores, los envidiosos y los que no lo eran tanto, los amigos y los enemigos... todos juntos esperando que se levantara el telón. Un telón que guardaba un buen regalo. Un regalo que todo el mundo esperaba y del que todos querían disfrutar. I que cuando la primera bombilla del patio de butacas comenzaba a apagarse también se apagaban los rumores. I poco a poco todo se iba obscureciendo. I empezaba la música. Una música en la obscuridad que nos llenaba de todo aquello que queríamos sentir. Un minuto para comenzar. Las últimas miradas que cruzaban los actores antes de salir a escena ya se han producido. Treinta segundos. La cuenta atrás ya no puede parar. Diez segundos. Los corazones no paran de latir. Tres, dos, uno... comienza la función. ¡¡¡Adelante!!!! Valéncia, octubre de 2009 Pep Sales |
| Última actualización el Martes, 15 de Diciembre de 2009 01:29 |